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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Miguel Hernández





El niño yuntero

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Hoy me sobra el corazón

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.


Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos de mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.


No puedo con mi estrella.

Y busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.


Si no fuera ¿por qué?… no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.


Yo nací en mala luna.


Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.
Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué inconformes mis ojos?


Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?
Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.
Me sobra corazón.


Hoy, descorazonarme,
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Cien años de Miguel Hernández.

Miguel Hernández nació el 30 de Octubre de 1910 en Orihuela (Alicante). De origen humilde y rural, el poeta no había tenido una educación regular, asistió unos años a la escuela del Ave María pero la crisis económica de su familia lo obliga a volver al campo a la edad de 13 años , en los ratos que le dejan el cuidado de las cabras lee a Gabriel y Galán, Zorrilla, Miró y Rubén Darío. En el pueblo se reúne con otros aficionados a las letras como los hermanos Fenoll y Ramón Sijé, su amigo y quien le orienta a leer a los clásicos que son una de las claves para entender la poesía de Hernández. El esfuerzo de Miguel es enorme, consigue libros en el Círculo de Bellas Artes y entabla amistad con Luis Almarcha, canónigo de la catedral. Miguel ya conoce perfectamente la obra de Cervantes, Garcilaso, Calderón, Lope y Góngora; también lee a Antonio Machado y a Juan Ramón. No es, pues Miguel ese poeta rudo y casi analfabeto que algunos medios literarios nos pitan, es un hombre autodidacta en el que el oficio de poeta era un sueño sin retorno.
Conocedor de que la flor y nata de la poesía ( Lorca, Aleixandre, Alberti, Neruda, etc ) estaba en Madrid, no ceja en su empeño de vivir en la capital. Lo intenta en varias ocasiones; la primera en 1931, sin éxito, ni dinero, el poeta tiene que volver a su tierra. Vuelta a Madrid en 1933, donde publica ‘Perito en Lunas’, que no obtiene el respaldo esperado, y a partir de 1934 visitará Madrid en varias ocasiones, hasta establecerse allí en 1935, donde Miguel se mueve a sus anchas entre editoriales y poetas, enamora a Neruda y hace amistad con Aleixandre.
La forma en que conoce a Vicente es sin duda exponente del carácter y las dificultades que Miguel encuentra en la capital. A su llegada a Madrid en 1935 ve en las la librerías la recién publicada ‘La destrucción o el amor’ (V. Aleixandre), y en papel basto y con letra enérgica Miguel le escribe a Vicente una carta en la que le expresa: “He visto su libro ‘La destrucción o el amor’,…No me es posible adquirirlo,… Le quedaría muy agradecido si me pudiera enviar un ejemplar,… Voy a vivir en Madrid donde estoy en la calle tal… Firmado, Miguel Hernández , pastor de Orihuela.” Forma brillante en la que Miguel llama la atención de Vicente.
Miguel estaba necesitado del reconocimiento que como poeta se le resiste, y en este grupo de amigos, lo encuentra. Así se adentra en la élite literaria de la Generación del 27 de la mano de Neruda y Aleixandre principalmente, que lo arropan como a un hijo.No era como ellos, no vestía como ellos, todos cultos, de exquisita educación y mejor presencia. Miguel no estaba para gastar en trajes. Se ganaba la vida escribiendo biografias de toreros, mala época para él en la que a duras penas puede pagar el alquiler. Pero la poesía lo es todo para Miguel es ella la que le hace escapar de su vida de miseria.
Con Lorca su relación es diferente, dicen que Federico no lo toleraba en su presencia, porque no soportaba a los rústicos, a aquellos que no se cuidaban y no mostraban un aspecto burgués. No soportaba sus pantalones de pana. Lorca era el epicentro de la poesía y Miguel alguien que destacaba, alguien todavía emergente, creo que lo que había entre ambos es una diferencia de edad y de crianza. Y ya está. No podemos reivindicar la memoria de uno con el desmerecimiento del otro, los dos eran enormes, y coincidieron juntos.
El resto de su historia es el sufrimiento, en 1936 comienza la guerra civil, y Miguel lucha en el lado republicano, defendiendo sus ideas con la pluma y la guerra. En marzo de 1937 contrae matrimonio civil con Josefina Manresa. Miguel se convierte en esta época en un poeta de trinchera, social y políticamente comprometido, y ello se refleja en su poesía. Pero poco a poco el horror de la guerra hacen que se vuelva intimista, y son la soledad y la muerte las que marcan la pauta de su poesía. El desánimo va haciendo mella en él, su primer hijo muere en 1938, y en 1939, ya con la guerra perdida, y con el miedo a la muerte, la amargura, tan sólo se ve aliviada por la noticia del nacimiento de su segundo hijo. Este mismo año es detenido y condenado a muerte, pena que se le conmuta por 30 años de prisión.
En cautiverio, Miguel escribe hermosísimos poemas, como “Nanas de la cebolla”, dedicado a su hijo, y, a pesar de las tremendas penalidades físicas, mantiene una integridad personal y una dignidad moral dignas de elogio (una simple carta de renuncia de sus convicciones políticas y de adhesión al nuevo régimen le hubieran permitido salir de la cárcel y recibir tratamiento médico en un sanatorio). Miguel fue consciente en todo momento de su agonía, y así lo confesó pocas horas antes de morir a su amigo y compañero de cárcel Luis Fabregat Terrés: “Mira Luis, yo sé bien por donde va la procesión”.
Miguel Hernández falleció en la enfermería de la prisión alicantina , por la tuberculosis y el sufrimiento, a las 5:32 de la mañana del 28 de marzo de 1942, con tan sólo 31 años de edad producto del rencor y del olvido.
"Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!"(Pablo Neruda).

sábado, 9 de octubre de 2010

A mí que me den sus libros.


El debate que se ha establecido en la sociedad a raíz de la concesión del premio Nóbel de Literatura a Mario Vargas Llosa, sobre quién es mejor escritor él o Gabriel García Márquez me parece oportunista e innecesario. Oportunista porque creo que es un intento de los periódicos serios y de los círculos literarios de ponerse a la misma altura que la prensa rosa, dicho de otro modo, sacar los trapos sucios entre ambos escritores para dar más interés a la noticia. El que GGM y MVLL no se hablen no influye para nada en la calidad de su obra literaria. Gabo puede ser más simpático y Mario más galán, Gabo más de izquierdas y Mario más de derechas. Puede que Vargas le propinara un puñetazo a Gabo por celos o por sus diferencias ya no sólo ideológicas sino ante la vida. Pero eso no cambia su trayectoria como escritores que es la que los lectores deben conocer y valorar.
Lo del twitter de Gabriel García Márquez con la frase retadora de ‘Cuentas iguales’ fue un bulo que circuló por la red a mayor velocidad que la luz y que en todas partes se recogió, y en muchas se dió por veraz cuando obviamente no lo era.
Pero claro, una felicitación de Gabriel o un desplante sería un bombazo de noticia . Si durante tantos años los dos han permanecido en silencio , eso es lo que seguirá. aunque quién sabe , Mario prologó en el año 2007 el libro ‘Cien años de soledad' por su cuarenta aniversario, lo que se entendió como una reconciliación entre ellos.
En fin como dije al principio este debate me resulta innecesario, puesto que cuando leo a un autor u a otro, sus libros me llevan por el universo de mi mente allá donde el tiempo hace inmortal los recuerdos. Cuando uno me hace reír, el otro me hace llorar; cuando con uno me conmuevo, con otro pienso; con ambos me deleito y ambos forman parte de mi memoria porque la literatura cuando es buena se fusiona con nuestra trayectoria vital agrandando nuestros horizontes.
Las anécdotass las dejó para sus biógrafos, a mí que me den sus libros para disfrutarlos

jueves, 7 de octubre de 2010

Más vale tarde que nunca.

Qué voy a decir yo de Mario Vargas Llosa que no se haya dicho y que no se vaya a decir. Puede que guste más o menos como persona, yo me quedo con lo que decía otro inmortal Mario, este de apellido Benedetti:` A Vargas Llosa hay que leerlo, no hay que oirlo ´.
¡Enhorabuena Don Mario! Enhorabuena también a las letras hispanas en sequía desde 1990, año en que el mexicano Octavio Paz recibió el premio Nóbel de Literatura, justo un año después que lo obtuviera el español Camilo José Cela. Once, son ya, los premiados en lengua castellana, doce si no se hubiese cometido el atropello a Jorge Luís Borges.
Aquí dejo, en propias palabras del autor la relevancia que la literatura ha tenido en su vida y en la sociedad. La literatura, también, se ha visto engrandecida de tener entre sus filas a un escritor como Mario Vargas Llosa.

”Aprendí a leer a los cinco años y es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Recuerdo cómo se enriqueció el mundo, la vida, gracias a esa operación mágica que es aprender a descifrar esas palabritas y entrar a vivir en un mundo mil veces más rico, más diverso, más aventurero, más inesperado, pero también más coherente y más comprensible que el mundo real. Para mí la lectura fue algo verdaderamente milagroso y gocé tanto sumergiéndome en esa operación que me permitía viajar en el tiempo, en el espacio y tener unos destinos tan deslumbrantes”.

”Siempre he creído que la literatura es muy importante, y no sólo por el placer que nos depara un gran libro, que desde luego es enorme. Creo que es algo más. Hago un examen de conciencia y me pregunto cómo hubiera sido mi vida si no hubiera leído a Flaubert, a Faulkner, a Joyce, si no hubiera leído a todos esos escritores que me han enriquecido tan extraordinariamente la vida. Pues mi vida hubiera sido infinitamente más mediocre, más triste, mucho más limitada en perspectivas, mis deseos hubieran sido mucho más pobres seguramente. La literatura despertó en mí unos apetitos que probablemente hubieran quedado estragados sin la ayuda de los grandes creadores. Creo que ese espíritu crítico que tengo respecto a mi entorno, respecto a mi tiempo, es algo que nace como consecuencia de las muchas ideas que la literatura me dio. Entonces, yo sí creo que la literatura es un alimento fundamental para que nosotros vivamos mejor, para que nuestras sociedades funcionen mejor. Creo que la literatura no es, como han llegado a creer en nuestro tiempo muchos escritores, un simple divertimento, de altísima calidad, pero un divertimento. No, yo creo que hay algo esencial en el progreso humano que deriva de esa necesidad que hemos tenido, desde el principio de los tiempos, de inventar historias, de inventar una realidad paralela a la realidad en la que vivimos, de refugiarnos en esa realidad, porque esa realidad en la que estamos inmersos no nos da todo lo que quisiéramos, no es capaz de aplacar todos nuestros apetitos, deseos, ambiciones. Y creo que de eso ha provenido en buena parte el desenvolvimiento humano. Si hubiéramos desde el principio tenido una sociedad sin historias, sin literatura, tal vez no hubiéramos salido nunca de la caverna".

jueves, 15 de julio de 2010

Me gusta leer.

Me gusta leer, no tiene que ser en verano, ni en vacaciones; me encanta leer, con tiempo y sin él, de noche y de día, mientras como y mientras estoy en el baño, en la cocina, en el salón, en la cama , en el sofá, en todos sitios, a todas horas; pero no cualquier libro, ni cualquier autor, ni cualquier género, me gusta leer lo que me gusta, disfruto leyendo, me apasiono, lloro, sufro, río, canto, me angustio, dudo, me impaciento, …Leo con los ojos, con los dedos, con la nariz; me encanta el olor a libro nuevo, abanico sus páginas y me embriago; me gusta también el olor a libro usado.¿Quién lo ha leído? ¿He sido yo? ¿Me acuerdo de él? ¿Se acordará él de mí? ¿He cambiado? ¿Me ha cambiado?
Me encanta leer, cojo el libro en mis manos y pienso que voy a zambullirme en un mar de palabras, lo haré despacio, tranquila, no hay prisa, pero devoro sus páginas, me las como, casi no me las puedo tragar, me atraganto, me falta el aire, no sé parar, no puedo me entra la agonía, me veo en el abismo del final, no quiero terminar pero me ahogo por acabar.
Cierro el libro, lo abrazo contra mí, me siente, lo siento. Algo dentro de mí ya no es lo mismo, sus páginas ya no son las mismas; tienen calles en las que me oriento, vidas que me impregnan, olores, comidas, sentimientos,…Lo dejo en la estantería como un amigo, me llama, me cuenta, le cuento, me engrandece, le engrandezco.
Me gusta leer ¿Y tú disfrutas leyendo?

domingo, 20 de junio de 2010

Hasta luego, José.


Reconozco que la primera vez que oí hablar de José Saramago fue en 1998 cuando le concedieron el premio Nóbel de literatura. Hasta ese momento, y a pesar de vivir tan cerca había ignorado la lengua y literatura portuguesa. Él fue la puerta mágica que abrió al mundo la cultura de Portugal.
De las obras que de él he leído lo primero que me sorprendió fue su originalidad, tanto en estilo como en la creación de un universo único, al estilo del creado por García Márquez pero sin su realismo mágico. José Saramago es un fabulador realista, incluso idealista. En mi humilde opinión un Romain Rolland del siglo veintitantos. Cuando te embarcas en una lectura suya te sorprende la ausencia de puntos de puntuación. No hay preguntas no hay puntos y comas. Hay muchas comas, diálogos en los que tienes que averiguar quién pregunta, quién responde, en los que tú eres parte activa de la historia, porque con su peculiar estilo te conviertes en creador.
Ha sido un hombre comprometido con sus ideales. De una sola palabra. Íntegro. De todo ha opinado y lo ha hecho porque en todo ha actuado. Ha defendido al pueblo palestino; ha defendido y criticado duramente a la izquierda; ha disentido de la iglesia, de los medios de comunicación, de la globalización, de las O.N.G., … Ha podido estar más o menos acertado pero siempre ha procurado que el niño que había en él no se sintiera desilusionado. Ha sido un gran activista social, no se ha conformado con criticar el mundo y ha pretendido cambiarlo mediante sus novelas.
Ante todo, incluso antes que escritor, ha sido y lo será siendo un gran defensor del ser humano. En sus propias palabras:” Existe una prioridad absoluta: todo lo que haga la humanidad debe tener como prioridad al ser humano.”
Su muerte, como su existencia, me pilló de sorpresa, ni tan siquiera sabía que estuviera tan gravemente enfermo, lo único cierto es que ya no habrá nuevos libros, ni artículos. Pero nos quedan sus libros, libros como él comprometidos con el mundo “… libros que consumen cantidades gigantescas de papel, libros que devoran bosques y selvas a una velocidad vertiginosa, pero también libros que pueden ser fabricados en un papel que respete en su elaboración el medio ambiente y utilice los bosques con criterio atento al bien común, o sea, de manera sustentable. Todas las obras que pueda escribir en el futuro, todas las reediciones de las ya publicadas, serán impresas en papel aprobado por Greenpeace, tanto en Portugal, como en España, como en Ámerica Latina...” ( extraído de Cartas Verdes).
Estoy segura que el niño de ocho años que un día fue, estará contento de haber caminado junto a este hombre por el mundo.
Hasta luego José.